Stephen Hawking : Un Genio que hizo su Discapacidad a un lado…

¿Búscas una historia inspiradora para empezar la semana?, Stephen Hawking desde los 21 años tiene una enfermedad llamada esclerosis, que poco a poco fue minando las neuronas en su cerebro que controlan el movimiento de los músculos. Le dieron un par de años de vida, hoy tiene ya 70 años y es tiene una inteligencia y talento a un nivel comparables (si es que hay comparación entre genios) a Isaac Newton o Albert Einstein. Su discapacidad la puso en algún rincón de su mente hace muchos años y vive practicamente sin moverse pero con el cerebro mas activo del mundo…

Abajo encontraras un fragmento de su biografía, también les recomiendo leer: Breve Historia del Tiempo, (sí de física, agujeros negros y cosas de mas allá de nuestro planteta), – sin fórmulas matemáticas – para adentrarnos en un viaje a un Universo que dificilmente podemos llegar a conocer nosotros, pero seguramente generaciones futuras lo harán mejor, e incluso, vivir en el…

Stephen Hawking

En el verano de 1964, tras una conferencia del famoso astrónomo Fred Hoyle, un joven delgado y de aspecto débil se levantó sobre su bastón y dijo, ante el asombro general, que estaba equivocado. Hoyle trataba de encajar la relatividad general de Einstein con su modelo de un universo sin principio, igual ahora que en el pasado, y se quedó estupefacto. ¿Cómo podía juzgar aquel joven si los resultados eran o no correctos? “Lo he calculado”, fue su respuesta. El famoso astrónomo montó en cólera. Aquel joven desafiante se llamaba Stephen Hawking y quiso investigar con Hoyle cuando llegó a Cambridge como estudiante graduado dos años atrás. No hacía mucho le habían diagnosticado esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad que no tiene cura y que suele matar en un par de años. Los destinos de ambos fueron contrapuestos. Hoyle fallecería en agosto de 2001, tras un tiempo en el que se le tacharía -de forma injusta- como un renegado científico por no admitir que el universo sí tuvo un principio. Pero, contra todo pronóstico, Hawking cumplió su septuagésimo cumpleaños el pasado 8 de enero. Se ha convertido en el científico más popular en el campo de la física después de Albert Einstein, que murió en 1955, cuando Hawking era un muchacho de 13 años.

La escritora Kitty Ferguson, en su libro Stephen Hawking. Su vida y obra (Crítica), se ha acercado para alumbrar un poco el misterio que rodea a Hawking. ¿Cuál es la verdadera razón de su popularidad? Hawking es el director del departamento de matemáticas aplicadas y física teórica de la prestigiosa Universidad de Cambridge, algunas de cuyas aulas antiguas conservaban hasta hace no mucho enormes pizarras que se izaban mediante poleas. La conferencia que Hawking impartió aquí como nuevo profesor lucasiano de matemáticas en 1980, cuando le fue otorgada la cátedra que ocupó el mismísimo Isaac Newton, mostró que no era como los demás. A sus 38 años, ya no podía caminar, ni escribir, ni comer por sí mismo, ni tan siquiera levantar la cabeza. Su habla estaba muy deteriorada, y uno de sus estudiantes impartía la charla por él. A la audiencia no le importó, atenta ante cualquier cosa que pueda decir este hombre atrapado en su silla de ruedas. Su magnetismo ha ido a más. ¿Por qué? Ferguson nos responde al otro lado del teléfono, desde Cambridge, el mismo día de la onomástica de Hawking, un domingo que reunió a una pléyade de físicos y cosmólogos de todo el mundo, una fiesta científica a la que ella estaba invitada. “Él quiere que todo el mundo entienda su ciencia, compartir con nosotros toda la aventura que significa para él, lo divertido que le resulta”.

Si se bucea en su adolescencia en Oxford, donde nació, se descubre que el joven Hawking de 12 años no era un niño superdotado. Le costaba aprender y su caligrafía desesperaba a los profesores. Su casa en St. Albans, grande y oscura, estaba repleta de libros, de música de ópera y de agujeros por los que se colaba el frío. El joven Hawking solía caer enfermo, no destacaba en deportes y no pudo presentarse a un examen de acceso para obtener una beca por culpa de una gripe, lo que le cerró las puertas para estudiar en Westminster. Fue a los 15 años cuando aprendió que el universo se expandía. En sus propias palabras, “estaba seguro de que debía haber algún error”. “Un universo estático parecía más natural”, escribe Ferguson. De expandirse indefinidamente, el universo se quedaría vacío. Un pensamiento perturbador.

La etapa universitaria dibuja a un Hawking de pelo largo más bien vago, valedor del mínimo esfuerzo -dedicó una hora diaria de estudio durante toda su carrera-, que falseaba partes de los experimentos. Fue entonces cuando destacó por su inteligencia. El último año se decantó por la cosmología. Quería estudiar con Fred Hoyle, que estaba en la Universidad de Cambridge, y sacó las calificaciones necesarias. Pero su vida estuvo a punto de pararse. “Parecía que me volvía más torpe, y me caí una o dos veces sin razón aparente”. A veces perdía la memoria a corto y a largo plazo, no se ataba bien los zapatos, y se trababa al hablar, relata Ferguson. Las pruebas médicas soltaron la bomba. A sus 21 años, Hawking había contraído una esclerosis incurable que destruye las neuronas que controlan el movimiento voluntario de los músculos -salvo la excreción y la función sexual-. Probablemente moriría asfixiado, sin controlar su respiración, quizá en dos o tres años.

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3 Comments

  1. Emanuel Reply

    Cuando Regresan de Vacaciones, Antes decía que les faltaba actualizarla mas seguido, pero ahora como que ya se pasaron jeje.
    La pagina esta buena. Suerte!!!!

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