Periódicos de Cancún, un paisaje desolador

Hay una decena de periódicos en Quintana Roo, lo que no abunda es un periodismo digno. Si en México y el mundo la prensa escrita pierde terreno, y está contaminada hasta el tuétano por intereses que nada tienen que ver con informar, opinar y hacer pensar, en QR parece haber perdido absolutamente el rumbo y su razón de ser.

Quienes participan en el debate sobre la crisis del diario impreso a nivel mundial podrían darse una vuelta por QR. Por lo menos, tendrían otra perspectiva de cómo funciona el negocio de los periódicos aquí. En la calle te dirán que nadie los lee, pero hay una decena de diarios y otros anuncian su llegada. Lectores o no, periodismo o no, ninguno parece estar a punto de cerrar.

La primera misión de la prensa aquí, con mayor o menor intención, podría ser desinformar, no opinar (a menos que medien intenciones muy puntuales) y mucho menos gestar opiniones fundamentadas, con base en el reportaje serio y el dato concreto y objetivo. Lo que sí abunda es la escritura sin pies ni cabeza, notas que no se inscriben en ningún género periodístico, redactadas todo lo mal que se puede, con errores de todo tipo, como para que la gente sepa que con el periódico no va a aprender a leer y mucho menos a escribir. Ni va a aprender nada.

Segunda misión: sublimar la violencia y la tragedia. Hasta la volcadura de un coche y un hueso roto en el más trivial de los accidentes puede llevarse la portada del día, o cuando menos un buen posicionamiento siempre que haya sangre. Y si no la hay se inventa. El más mínimo rumor de “levantón” se da por bueno, cualquier forma de delinquir, hasta el hurto de un Chupa Chups en un Oxxo es noticia en los periódicos de QR. Y, sobre todo, parece haber un oficioso afán por demostrar que el crimen organizado está ganando la pelea y que hasta el más torpe ratero es integrante de los zetas, o algún otro grupo, o se prepara para serlo.

Parecen estar convencidos de que eso es lo único que vende y lo que se merece su público. “Aquí la gente viene a hacer dinero y a farolear”, me dice una amiga, “a nadie le interesa si los periódicos están bien o mal escritos”.  Y la conclusión obvia: con eso no te vas a ganar la vida. “Es eso y las viejas encueradas y los clasificados, y si acaso salir en sociales”.

Por supuesto, no es lo que le venden a los turistas. Los dueños de los periódicos saben que si los locales no los leen, mucho menos van a hacerlo los millones de turistas que visitan Quintana Roo. O lo harán un día y se irán. Si más allá de las fronteras del estado se manejara tal imagen de violencia y barbarie desatados como se refleja en la prensa quintanarroense, el turismo terminaría por derrumbarse. Pero hacia afuera, convenientemente, se vende la necesaria imagen de un lugar seguro. Bastaría con comprar los periódicos de Quintana Roo un solo día, escanear sus páginas y enviarlas a una gran cadena de medios que estuviera dispuesta a darle cobertura mundial. ¿Qué impacto tendría? ¿Y qué pasaría si se desploma el turismo en Quintana Roo? ¿De qué van a vivir los dueños de los periódicos y los periodistas? ¿Y los empresarios y los políticos y todo el mundo en un estado que vive del turismo?

Más que reflejar la violencia y la inseguridad en el estado en un contexto mayor, los periódicos, conscientes o no, contribuyen a crear un clima de violencia e inseguridad. La exacerban porque viven de ella, porque es lo que vende. Pero es un juego peligroso. ¿A qué intereses sirve, más allá de los propios, hacer sentir que la delincuencia y el caos señorean en Quintana Roo y mejor nos vamos acostumbrando?

Y no se trata de que no haya violencia. Por supuesto que la hay. Pero es igualmente cierto que los niveles de inseguridad y delincuencia no se comparan ni remotamente con otros estados de la república ni se corresponden con el eco que tienen en la prensa escrita. Ni la corrupción policial, ni la colusión de otros sectores del poder y la sociedad, ni la presencia del crimen organizado.

Y no se trata sólo de la violencia. Tampoco. Sino del absoluto y radical desinterés que parece haber por dignificar el periodismo, por la nota bien escrita y la investigación seria, independiente, imparcial y objetiva. Todos parecen tener más que claro que su contribución es importante, pero en otro sentido. Entienden mejor que nadie que “aquí la gente viene a hacer dinero y a farolear”, aunque sea el peor estigma de ciudades como Cancún, sin historia, sin cultura y al parecer sin interés alguno por fomentarla. Una sociedad sin una clase intelectual, ni vocación por las artes y las letras, y nada se diga del pensamiento, asentada en el flujo del dinero fácil y rápido, sin conciencia de sí misma ni afán de permanencia, que aquí todo se vive por temporadas, todo es volátil como la arenas de las playas, que se van y regresan con las mareas y los huracanes, como el dinero, como la gente, que viene aquí a hacer dinero y a farolear. Pero el paisaje más desolador son los periódicos mismos.

La Cotra Nossa

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