Leyendas de Yucatán: Los Aluxes

Leyendas Mayas, los Aluxes

En toda la Península de Yucatán existe el recuerdo de las historias y cuentos de los aluxes. Son seres considerados ambivalentes y traviesos, la mayoría de las veces, la gente los reconoce como niños pequeños que viven en cuevas y salen por las noches para jugar o hacer sus travesuras.

Se dice que los campesinos mayas tienen la costumbre de ofrecerles comida para que estos cuiden la milpa e invoquen las lluvias cuando sean necesarias para la cosecha.

Por el contrario si el campesino no ofrece nada a los aluxes estos se enojan y mandan vientos y lluvias que destruyen la cosecha. Esta creencia Maya parece sustentarse en la incomprensión ante las inclemencias del clima que solían arruinar las cosechas, con la consecuente pérdida de alimentos. Debido a este miedo, representado en estos extraños personajes, existían rituales, que aún hoy siguen celebrándose en algunas comunidades, en honor a los aluxes. Se trata de ceremonias realizadas por algunas poblaciones mayas, que tienen como objetivo mantener contentos a los aluxes con ofrendas para asegurarse buenas cosechas, y por otro lado, reunir en colectividad a los agricultores.

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Nos encontrábamos en el campo yermo donde iba a hacerse una siembra. Era un terreno que abarcaba unos montículos de ruinas tal vez ignoradas. Caía la noche y con ella el canto de la soledad. Nos guarecimos en una cueva de piedra, y para bajar utilizamos una soga y un palo grueso que estaba hincado en el piso de la cueva.

 La comida que llevamos nos la repartimos. ¿Qué hacía allá?, puede pensar el lector. Trataba de cerciorarme de lo que veían miles de ojos hechizados por la fantasía. Trataba de ver a esos seres fantásticos que según la leyenda habitaban en los cuyo (montículos de ruinas) y sementeras: Los ALUXES.

 Me acompañaba un ancianito agricultor de apellido May. La noche avanzaba…De pronto May tomó la Palabra y me dijo:

 -Puede que logre esta milpa que voy a sembrar.

-¿Por qué no ha de lograrla?, pregunté.

 -Porque estos terrenos son de los aluxes. Siempre se les ve por aquí.

 ¿Está seguro que esta noche vendrán?

 Seguro, me respondió.

 -¡Cuántos deseos tengo de ver a esos seres maravillosos que tanta influencia ejercen sobre ustedes! Y dígame, señor may  ¿usted les ha visto?

 -Explíqueme, cómo son, qué hacen.

 El ancianito, asumiendo un aire de importancia, me dijo:

 -Por las noches, cuanto todos duermen, ellos dejan sus escondites y recorren los campos; son seres de estatura baja, niños, pequeños, pequeñitos, que suben, bajan, tiran piedras, hacen maldades, se roban el fuego y molestan con sus pisadas y  juegos. Cuando el humano despierta y trata de salir, ellos se alejan, unas veces por pares, otras en tropel. Pero cuando el fuego es vivo y chispea, ellos le forman rueda y bailan en su derredor; un pequeño ruido les hace huir y esconderse, para salir luego y alborotar más. No son seres malos. Si se les trata bien, corresponden.

 -¿Qué beneficio hacen?

 -Alejan los malos vientos y persiguen las plagas. Si se les trata mal, tratan mal, y la milpa no da nada, pues por las noche roban la semilla que se esparce de día, o bailan sobre las matitas que comienzan a salir. Nosotros les queremos bien y le regalamos con comida y cigarrillos. Pero hagamos silencio para ver si usted logra verlos.

 El anciano salió, asiéndose a la soga, y yo tras él, entonces vi que avivaba el fuego y colocaba una jicarita de miel, pozole  cigarrillos, etc., y volvió a la cueva. Yo me acurruqué en el fondo cómodamente. La noche era espléndida, noche plenilunar.

 Transcurridas unas horas, cuando empezaba a llegarme el sueño, oí un ruido que me sobresaltó. Era el rumor de unos pasitos sobre la tierra de la cueva: Luego, ruido de pedradas, carreras, saltos, que en el silencio de la noche se hacían más claros.

 Del libro: "Leyendas, ceremonias tradicionales y relatos de la zona maya".

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