De Cancun a la “Ciudad” de Cancún

Por el camino sacamos caracoles de mar, que comimos en esa playa maravillosa de arena blanca con un mar azul y turquesa, que vibraba con los ruidos de la selva. Ahora nada de eso existe. ¡Qué tristeza! Hubiera sido mejor que todo permaneciera como estaba —como había estado desde hacía miles de años— en lugar de ser cubierto por hoteles de concreto levantados junto al mar.

Hoy tiene lugar ahí la decimosexta conferencia de las partes (COP 16) de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático.

Cancun 1978 Foto: aclarando.wordpress.com

A fines de los sesenta, un grupo de funcionarios, entre los que estaba mi padre, viajaron a Isla Mujeres para conocer un lugar llamado Cancún. Yo tenía entonces seis o siete años, pero recuerdo bien aquel viaje, en el que también iba con sus hijos Miguel de la Madrid. Todos salimos juntos del Hotel Zazil-Ha de Isla Mujeres en un barco, el Cachuflás, hacia Cancún. Por el camino sacamos caracoles de mar, que comimos en esa playa maravillosa de arena blanca con un mar azul y turquesa, que vibraba con los ruidos de la selva. Ahora nada de eso existe. ¡Qué tristeza! Hubiera sido mejor que todo permaneciera como estaba —como había estado desde hacía miles de años— en lugar de ser cubierto por hoteles de concreto levantados junto al mar.

Hoy tiene lugar ahí la decimosexta conferencia de las partes (COP 16) de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático.

No son altas las expectativas con respecto de Cancún. La COP 16 no va a renovar el Protocolo de Kyoto, en el que los países industrializados asumieron el compromiso de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 5.2 por ciento entre 2008 y 2012, tomando como referencia los niveles de 1990. El gobierno de México promueve de hecho que las expectativas sean bajas, para no repetir la experiencia de fracaso que vivió el mundo con la COP 15 en Copenhague. Los expertos tampoco tienen grandes ilusiones. Estados Unidos, el país que más contamina, no ha cambiado con Obama su rechazo al Protocolo de Kyoto. China, el país que le sigue en emisiones, está inmerso en un proceso de crecimiento para elevar el nivel de vida de su población que no quiere detener en este momento —como tampoco la India— replanteando el modelo de crecimiento instaurado en el mundo a partir de la Revolución Industrial. Los países de Europa, incluida Rusia, el más contaminante de la zona, tienen un compromiso más serio, pero tampoco del tamaño necesario. Es por esto muy poco probable que Cancún pueda llegar a tomar medidas que vinculen a estos países —con metas, fechas, cantidades, sanciones— para reducir la emisión de gases de efecto invernadero que ponen en peligro la vida en la Tierra.

¿Qué podemos esperar entonces de Cancún? Las opiniones que he leído de los expertos coinciden con la que expresó José Sarukhán con su habitual elocuencia en una entrevista con Reforma (Enfoque, 21-11-2010): la oportunidad está centrada en concretar el instrumento de la ONU que busca reducir las emisiones de gases de efecto invernadero por deforestación y deterioro de los ecosistemas, conocido como REDD. “Básicamente es un programa que generaría recursos que servirían para que los dueños de los ecosistemas, individuos o ejidos o comunidades, como el caso de nuestro país, o corporaciones, o las mismas naciones pudieran usar esos recursos en lugar de los beneficios que habría de transformar esos ecosistemas naturales a cultivos agrícolas o desarrollos turísticos”, dice Sarukhán. ¿Por qué sí puede ser concretado el REDD? Porque no implica un cambio en el modelo de desarrollo que existe en el mundo desde la Revolución Industrial. Los países industrializados adquieren simplemente el compromiso de dar recursos a los países no industrializados que puedan certificar que han detenido la deforestación. No es un logro menor, pues sabemos que la quinta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero, casi 20 por ciento, es causada por la deforestación y la degradación de los ecosistemas. Estados Unidos anunció ya su apoyo al REDD.

La ciudad de Cancún no existiría (qué bueno) en un mundo regido por el REDD, pero aunque muchos lo lamenten no hay opción: sabemos ahora que si la temperatura sigue subiendo como lo ha hecho hasta ahora, el aumento del nivel del mar significaría la desaparición de lugares como Cancún y ciudades ilustres que crecieron a nivel del mar como Venecia y Ámsterdam, Calcuta y Dhaka, y quizá también Nueva York y Shanghái.

Por: Carlos Tello, Milenio on Line

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