Once de los pasados catorce años rompieron en la tierra todos los récords en temperaturas altas, la capa de hielo en el Artico se derrite, en nuestro país pasamos de la sequía a las inundaciones sin aviso. La situación es dramática, pero el mundo sigue tan campante como ya resignado.
Una gran interrogante recorre como un fantasma el mundo: ¿cuánto tiempo nos falta para que el daño sea irreversible?
La sociedad mundial necesita tomar pasos firmes para impedir el aumento de temperatura en dos grados centígrados. Un incremento mayor, de 3 o 4 grados el mínimo de aumento que se espera si no hay acciones concretas presionaría continentes y volvería desiertos las tierras de cultivo. La mitad de todas las especies animales tenderían a la extinción, sin contar con los millones de personas que serían desplazadas de sus lugares de origen, además de que naciones enteras serían cubiertas por océanos, coinciden en alertar distintas organizaciones ambientalistas.
Para salir de esta situación que pone en peligro la vida, y no solo la humana, requiere de un acuerdo entre los países ricos y pobres, en el que el objetivo fundamental apunta a compartir la lucha contra el cambio climático, y la forma de resolver la reducción de los trillones o más de toneladas de carbón que se debe dejar de emitir.
A las naciones ricas les gusta señalar que no habrá solución a este problema si naciones en vías de desarrollo gigantes, como China y la India, no toman acciones más radicales de las que han asumido hasta ahora. Pero los países del primer mundo son los responsables por la mayoría del carbón acumulado en la atmósfera, equivalentes a tres cuartas partes de todo el dióxido de carbono emitido desde 1850.
Se hace necesario que el mundo industrializado destine recursos para ayudar a los países más pobres con el fin de adaptarse al cambio climático, adquiriendo tecnologías limpias que les permitan crecer económicamente, para dar de comer a sus pueblos sin dañar al medio ambiente con sus emisiones.
“Para librarnos de nuestra adicción al carbono en sólo unas décadas serán necesarias proezas de ingeniería e innovación comparables a las más grandes de nuestra historia. Pero, mientras que la llegada del hombre a la Luna o la división del átomo surgieron del conflicto y la rivalidad, la carrera del carbono debe nacer de un esfuerzo de colaboración para lograr la salvación colectiva.
La victoria sobre el cambio climático exigirá un triunfo del optimismo sobre el pesimismo, de la visión de futuro sobre la estrechez de miras, de lo que Abraham Lincoln llamó los ángeles buenos de nuestra naturaleza.







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