Recuerdo el dia que llegue a Cancún, no esperaba dormir en un hotel cinco estrellas, todo lo contrario…. Hoteles sin estrellas, sin encantos, sin más comodidades que un gran piso, unas cobijas y sabanas recien desempacadas.Un cuarto compartido con mis dos hermanos, baño al que la regadera estaba descompuesta, sin mas agua que la que acarreaba en cubetas. En las noches movimientos y ruidos sospechosos: moscos o zancudos, y tambien de vez en cuando alacranes o tarántulas subiendo por la pared y hasta ciempiés que espantan los sueños felices y convocan pesadillas, miedos, a veces sospechas, a veces hasta a no dormir.
Era una palapa que mi tia Wilma tenia en su patio trasero, ahí donde vivia la querida abuela, ahí donde tomo su ultimo suspiro y durmió su ultima noche. Desde que ella murio nadie habia llegado a dormir ahí, eramos los primeros despues de mi abuela. Claro, nadie nos lo dijo, tiempo despues lo supimos.
Pero en fin, era el unico alojamiento que por una noche nadamas pudimos conseguir aquel primer dia en Cancún, cuando llegamos de otra ciudad, cuando mas bien me trajeron a la fuerza, pues yo no queria venir.
Cada quien tiene su historia, el motivo o la necesidad que nos movieron a venir a vivir a Cancún, pero creo que en esencia todas empiezan igual…. Al desempacar las cosas uno tiene la idea de que aquí tiene la posibilidad de estar mejor que de donde viene, o de encontrar eso que le hace falta a uno, de alejarse de algo, en fin…
El primer dia habia tanto calor, que dormi simplemente sobre el carton de una caja de huevo que habia extendido en el piso, era 1994. Al dia siguiente me pregunte, ¿Qué hago yo aquí?…
Desde entonces he pasado buenas y malas noches aquí, y muchas noches que por buenas o por malas siempre serán inolvidables…

